El tiempo, no parecía
importarles, tanto el viejo como el perro ya estaban más que acostumbrados.
Cada noche cuando todos dormían ellos los eternos amigos, amigos de toda vida
salían de casa y observaban la estrella,
la estrella de vida eterna, puesto que
para los dos ya estaban en las últimas. El perro igualaba la edad del anciano
en su proporción, Ninguno de los dos aun
sin entenderse estaban dispuestos a dejar este mundo.
Pero algo paso esa noche, no era
como todas, algo rondaba el ambiente, el viejo sin prestarle atención a tales
cosas busca a su amigo y fiel compañero, “Káiser”, era el nombre de este animal,
este de inmediato llego meneando la cola con un paso desgarbado, salieron de
casa, el objetivo era simple, alcanzar la inmortalidad.
Esa noche dieron más vueltas de
las acostumbradas para llegar a su sitio preferido para observar su amada
estrella, recorrieron cada callecita de esa pequeña aldea, cada una traía un
recuerdo una vivencia en alegría o tristeza, cada lugar, cada casa, cada local,
punzaban su mente con algún recuerdo, un recuerdo que erizaba su piel.
El anciano camina lento, su perro
lo imita, en verdad ninguno de los dos parece tener afán esta noche el tiempo
no les importa en lo más mínimo, esa es la convicción de unos seres que van alcanzar
la eternidad.
El perro de vez en vez se detiene,
su instinto lo obliga a marcar su territorio, territorio que ya no puede
defender pero su instinto es mayor a su razón. El anciano lo ve y sabe que por
muy viejo que esté así es, así será, firme hasta la eternidad.
Un sitio en particular llama la
atención del viejo, éste no puede evitar detener una lagrima, una lagrima que
marca su camino al rodar por su mejilla, el can no entiende la congoja de su
amo. Debe ser que ocurrió antes, mucho antes de que el llegara a su vida.
El viejo evoca recuerdos,
recuerdos que siempre han estado ahí pero solo esta vez le movieron fibras en
su corazón, no puede evitar acercarse a una silla del parque central de la
pequeña aldea, ¿cuántas veces la uso? Ni el mismo lo sabe. Lo que sí sabe es
que era la silla preferida de su amada, amada que ya no está por que partió
primero hacia la eternidad, ella era su mundo su vida y motivación, nunca hubo
hijos. Ambos, tanto él como ella pensaban que era injusto compartir su amor con
unos niñitos que al crecer los iban a olvidar, así que se amaron como nunca se ha amado en esta vida, se amaron porque
eran “tal para cual” y nunca hubo terceros a quien amar y eso involucraba tener
hijos.
¿Cuánto tiempo corrió mientras el
viejo estuvo en la silla? Eso no importa
ya.
El anciano se pone de pie acaricia la cabeza del perro
ambos entienden que ya es hora. Su momento
ha llegado y no hay marcha atrás se dirigen hacia su sitio, donde cada noche debían ir a
divisar su estrella, al llegar el anciano toma su posición, viejos resabios de
cuando era militar, el perro lo acompaña a su derecha en una posición de alerta
están listos lo esperaron toda la vida y así será. Su amada estrella los
petrifico en esculturas de un material nunca antes visto y que aún hoy día, mil años después siguen en pie así las
enredaderas reclamen el lugar como suyo y traten en una batalla infinita de
ahogar las estatuas de dos seres que alcanzaron la eternidad al mirar su amada estrella.

Hola Juan Carlos.
ResponderBorrarMe ha gustado tu relato, este antiguo
sueño del hombre de la inmortalidad.
Suerte para el concurso.
Benjamin.
gracias por comentar, eso fue lo que despertó en mi esa imagen
ResponderBorrarMuy bueno Juan Carlos. Me gustó muchísimo. ¡Cómo me alegra que hayas participado y que la primera vez haya sido con un relato tan mágico! Esperemos que sea la primera de muchas. Un abrazo
ResponderBorrarcordial saludo, nuevamente muchas gracias por leerme. feliz tarde de domingo
BorrarGran relato, narrado con estilo. Te deseo suerte en el concurso. Saludos.
ResponderBorrarGracias por leer. Me alegra mucho saber sus opiniones. Feliz día
ResponderBorrarHola Juan carlos, me ha gustado mucho este relato, la busquedad
ResponderBorrarde lo imposible y sin embargo tan soñado. Para hacerlo con los ojos abiertos.
Suerte y feliz fin de semana.
Agradezco mucho que lo haya leído. Feliz día
BorrarHola Juan Carlos. Me ha gustado tu relato mucho. Es lo mejor del concurso, poder leerlos.
ResponderBorrarSaludos, mucha suerte.
Muchas gracias.
BorrarDe sueños vivimos y morimos. Los buscamos y a veces los encontramos.... me gusta Juan Carlos.
ResponderBorrarmuchas gracias por su opinión. y pienso lo mismo que seriamos sin los sueños
BorrarEstremecedor cuento, Juan Carlos.
ResponderBorrarMuy bueno.
Saludos